AUTOESTIMA EN LA TERCERA EDAD: CÓMO POTENCIAR LA AUTOESTIMA

Cuando nos detenemos a valorar la salud de las personas mayores, nos centramos muchas veces en su estado físico y su capacidad de autonomía; sin embargo, no es menos importante valorar cómo la merma de éstas puede repercutir en su confianza, en la autoestima e incluso pueden provocar una depresión.

Tenemos que tener en cuenta que la tercera edad suele ser una etapa complicada cuando hablamos de autoestima. La jubilación suele convertirse en un punto de inflexión y es necesario marcarse nuevos retos y actividades adecuados a la nueva situación. Sentirse útiles y valorados es importante para las personas mayores.

Las capacidades físicas y mentales sufren un deterioro progresivo, por lo que hay que potenciarlas, evitando caer en tratar a la persona anciana como un “mueble”, favoreciendo que realice actividades acordes a su capacitación, valorando positivamente éstas y evitando, además, que el anciano o anciana quede en un estado de inactividad que pueda acelerar el deterioro, tanto físico como mental.

Mantenerse ocupados, sentirse útiles y mantener la autonomía el mayor tiempo posible repercute en su autoestima

Cuando la persona mayor permanece en su hogar, con la ayuda domiciliaria precisa, su estado emocional es mejor que cuando son trasladados a residencias o a espacios nuevos y desconocidos donde dejan de mantener los contactos sociales y afectivos que hasta ese momento formaban parte de su día a día. Por ello, es importante favorecer sus relaciones sociales (es obvio que en este punto de la vida, empiezan a observar que muchas de las personas que hay formado parte de su existencia han fallecido), a través de centros de la tercera edad, que cuentan con múltiples actividades y que favorecen las relaciones entre mayores. Tenemos que evitar que la persona mayor se encierre en sí misma y se favorezca un estado depresivo.

Escucharemos sus opiniones, favoreceremos que ofrezcan sus consejos y experiencias acumuladas a lo largo de su vida, y las respetaremos y valoraremos.

Es importante que se sienta querido e integrado con los suyos o con las personas que se ocupan de su cuidado en el hogar. Los cuidadores tienen que ser respetuosos con sus puntos de vista y hay que animarles a que los expresen con libertad y confianza.

Del mismo modo, tenemos que comprender que la persona mayor con las facultades mentales no mermadas es perfectamente capaz de tomar decisiones que afectan a su vida; escucharemos sus argumentos y los valoraremos teniendo en cuenta que son temas que le conciernen directamente.

Ayudaremos a que realice paseos, se ocupe, siempre que sea posible, de la compra y la comida o que incluso adquiera una pequeña mascota que le “obligue” a ocuparse de su mantenimiento… Cualquier actividad que le mantenga ocupado será positiva para su autoestima.



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